Algunas dificultades en la consolidación de una relación

Nos hemos acostumbrado a presenciar el final de una relación de pareja en las etapas intermedias de su ciclo evolutivo, razón por la cual nos parece fácil entender cuáles han sido los motivos que han llevado a que este desenlace se produzca. Sin embargo, suele ser más complicado comprender lo que ha sucedido cuando la ruptura se produce en los momentos iniciales de una relación, circunstancia ésta que se produce con cierta frecuencia.

Es lógico pensar que la fuerza del amor que uno siente hacia su pareja en esta etapa de la vida, así como la ilusión con la que habitualmente se abordan los nuevos proyectos, ayuden mucho en la adaptación a los parámetros que exige una nueva convivencia. Aun así, para algunos individuos no llega a ser del todo fácil cumplimentar todas las tareas propias de este ciclo evolutivo acostumbrándose, entre otras cosas, a compartir con el otro algo más que el tiempo de ocio y a aceptar como propias todas esas otras responsabilidades familiares o económicas que anteriormente no se tenían.

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Muchos de los problemas planteados por este tipo de parejas en los servicios de mediación familiar a la hora de justificar la ruptura de su relación derivan de la dificultad que han tenido  para descubrir un espacio de encuentro común en el que ambos se sientan cómodos, a la vez que asumen las nuevas responsabilidades que derivan de la evolución en su nivel de compromiso.

Pero es, sin duda, la reordenación tanto de los individuos dentro del seno de su relación, como con respecto a sus otras relaciones significativas, lo que mayores dificultades pueden llegar a generar en la consolidación de la nueva pareja. Esta otra problemática habitual se origina como consecuencia del desencuentro que se produce en la diada con respecto al lugar que deben ocupar sus otras relaciones, en especial aquellas que se mantienen con cada una de las familias de origen.

En la conformación de una relación, el establecimiento de límites con respecto a las familias u otro tipo de relaciones es generalmente entendido como la preservación del espacio común creado. Y, es por tanto, la tarea de fijar unos confines claros -ni excesivamente rígidos ni excesivamente permeables- y consensuados entre ambos miembros de la pareja lo que, a la larga, puede ir generando tensiones que, en ocasiones, derivan en una situación de ruptura.

La presión generada como consecuencia del desarrollo de esta tarea afecta tanto a la comunicación establecida entre la pareja como a la mantenida con las otras relaciones directamente involucradas. La redefinición de la relación se produce tanto con respecto al nivel de comunicación en la que ésta se establece como a los temas objeto de la misma.

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Así, podemos encontrarnos con parejas que, a lo largo del tiempo, van limitando su comunicación a un nivel meramente informativo o puramente racional, ya que cualquier tipo de interacción que pueda conllevar la expresión de contenidos con una cierta carga emocional, por parte de alguno de ellos, es inmediatamente asociada a situaciones de tensión y/o malestar en el seno de la relación. Igualmente, puede suceder con la comunicación establecida con las respectivas familias de origen de uno u ambos miembros de la pareja.

En ocasiones, esta disfunción también va a afectar a los temas objeto de comunicación, estableciéndose -no siempre de forma consciente- una especie de “listado de temas tabú” de los que poco a poco se va a dejar de hablar, ya que se han convertido en una permanente fuente de conflictos.

Pero, quizás sea bueno que todos tengamos en cuenta que, paradójicamente, es esta restricción en el nivel de la comunicación y en los “temas tabú” -que se han tratado de eludir a lo largo de la relación con la intención de evitar un posible deterioro de la misma- los contenidos que habitualmente se presentan como parte de la narración que cada uno de los miembros de la pareja hace a la hora de justificar su planteamiento de ruptura.

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