Algunas consideraciones para el momento de la despedida y el re-encuentro

La adaptación de los hijos a la nueva situación que provoca la separación de sus padres conlleva un proceso largo en el tiempo y costoso emocionalmente. Hay que tener en cuenta que el hecho de afrontar el divorcio es considerado como uno de los  acontecimientos vitales más estresantes por los que puede atravesar un ser humano. 

Por lo general, se establece un periodo mínimo de un año para poder ver cómo se van llevando a cabo los ajustes en el proceso de transformación familiar que supone para los hijos la ruptura parental. Es, por tanto, necesario atender al comportamiento del menor durante al menos un ciclo anual, lo que nos va a permitir observar como el niño se enfrenta tanto a la etapa escolar como a los periodos vacacionales posteriores a la ruptura, momentos todos ellos novedosos en cuanto a las nuevas circunstancias familiares.      

Un elemento importante a tener en cuenta a la hora de facilitar la adaptación es la forma en la que se producen los llamados intercambios parentales. Se trata de situaciones muy delicadas en las que los hijos pueden llegar a revivir con toda crudeza los sentimientos de pérdida que les ha supuesto la separación de sus padres. Por ello, se suele recomendar que estos intercambios se realicen, siempre que las circunstancias lo hagan posible, en un lugar neutro (guardería, colegio etc.) que no conlleve necesariamente la despedida de los hijos de un progenitor a la hora de tener que reencontrase con el otro.

Los intercambios, ya sean consecuencia del régimen de visitas en el ejercicio de una guarda y custodia en exclusividad o de los momentos de alternancia en una guarda y custodia compartida, se deben llevar a cabo teniendo en cuenta las siguientes recomendaciones:

Antes de que se produzca la salida de casa del menor

Establece y trata de mantener una actividad rutinaria en los momentos previos a la salida de tu hijo hacia el domicilio del otro progenitor, leer un cuento, jugar con él, etc.

Intenta mantener siempre un mismo ritual de despedida. Por ejemplo, darle un abrazo y un beso de despedida y, al salir por la puerta, decirle algo parecido a “…te quiero, nos vemos pronto…”.

Permite que en su maleta lleve algún objeto personal de su agrado. Por ejemplo, un peluche, un muñeco, algún juego de su agrado, etc.

Durante el intercambio

Procura tener preparado a tu hijo con tiempo e intenta ser siempre puntual cuando tienes que recogerlo o entregarlo en el otro domicilio.

Sé educado y respetuoso con su otro progenitor. Evita las discusiones o intercambios de información irrelevante.

Si el niño está siendo tratado medicamente, asegúrate de trasmitir las instrucciones adecuadas para la correcta administración del medicamento.

Si existen dificultades a la hora de poder evitar las discusiones en presencia de vuestro hijo, plantéate la posibilidad de realizar los intercambios sin mantener contacto con el otro progenitor.

Una vez que se produzca el retorno a casa

Mantén la paciencia y no te sorprendas si el niño se comporta mal o tiene una conducta retraída cuando llega a casa.

Admite que tu hijo puede necesitar estar solo durante un tiempo al regresar a casa. Permítele pasar ese tiempo tranquilo y solo, si ese es su deseo.

Comprende que a lo mejor el menor no desea hablar del tiempo que ha pasado con su otro progenitor. Respeta sus preferencias con respecto a este tema.

 

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